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Tradición Oral

Tradición Oral

Patrimonio Léxico y Folclórico

Diccionario del léxico serrano, obra de Rodolfo Recio.

Si recorre los municipios de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche y se para a conversar con sus habitantes, posiblemente escuchará palabras que le pueden resultar un tanto desconocidas, como ‘bujío’, ‘abombáo’, ‘negrál’, ‘tabardo’, ‘vencejo’ o ‘zafarse’. Todas ellas son el resultado de la herencia que dejaron a su paso leoneses y gallegos durante la Repoblación, allá por el siglo XIII, y que hoy día se utilizan en el lenguaje cotidiano de los serranos. Son miles de voces que forman parte del rico patrimonio cultural de esta Comarca y que siguen activas pese al paso de los siglos y a la distancia con el norte de España.

Si visita Los Romeros –en el término de Jabugo– y escucha la expresión ‘abarcarse’, sepa que se están refiriendo a abrazarse a alguien con mucho afecto y si en Aroche alguien le dice que está ‘abecerrao’ es que intenta explicarle que se encuentra muy acalorado. Lo que subsiste es la prolongación de los restos del dialecto leonés, fragmentado tras su absorción por el castellano en un conjunto de dialectos que se agrupan bajo la denominación de Hablas del Oeste de España. Hoy se presentan unidos a numerosos galleguismos y a una buena cantidad de voces andaluzas, extremeñas o legadas por la trashumancia, que constituyen el rico y extenso mosaico del habla de nuestros antepasados.

La Sierra fue repoblada hace ocho siglos por leoneses y gallegos. A partir del último tercio del siglo XIII, llegaron miles de personas del Antiguo Reino de León, unos procedentes de zonas de habla leonesa: como Santander, Asturias, León, Salamanca y el norte de Cáceres; y otros de zonas de habla gallega, llegados de una parte del Bierzo (León) y de la provincia de Zamora. Así, hasta finales de ese siglo, se instalaron la mayoría de los galleguismos y leonesismos que aún perduran en el lenguaje de los serranos.

También se produjeron mezclas por influencias andaluzas, extremeñas y portuguesas y con la trashumancia llegaron nuevas voces navarras, aragonesas y sorianas. Todo ello dio lugar a un subdialecto que debió hablarse en la Sierra hasta muy avanzado el siglo XIV, cuando, gradualmente, se fue castellanizando, aunque debió tener tanto arraigo que hoy día ha logrado seguir formando parte del catálogo de voces que los serranos usan en su vida cotidiana.

Una de las causas que provocaron este fenómeno fue el aislamiento geográfico, hoy día solventado, que vivió la Comarca durante siglos, propiciado por unas pésimas comunicaciones por carretera y un relieve montañoso que domina el terreno, lo que posibilitó la conservación de una gran parte de la herencia cultural de estos pueblos.

La importancia de este hecho en la historia de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche llevó al Grupo de Desarrollo Rural a publicar el ‘Diccionario de la Sierra’ –reeditado y ampliado en 2014­–­, en el que se recogen expresiones que se siguen escuchando de ancianos, hombres y niños. Su autor, Rodolfo Recio Moya, le dedicó años de trabajo y estudio, en los que recorrió los pueblos y las aldeas de la zona para escuchar las voces de sus gentes y poder ahondar en cada uno de los términos serranos y en su significado.

El ‘Diccionario de la Sierra’ reúne palabras que se emplean en toda la comarca y otras que se mantienen sólo en algunos municipios. Así, por ejemplo, en Navahermosa (Galaroza) se emplea el término ‘fronza’ para referirse a una cantidad ínfima de algo, mientras que esta palabra ha desaparecido en otros núcleos de población. Lo mismo ocurre en La Nava, donde el término ‘fragoso’ se emplea para decir que algo es dinámico, que se mueve constantemente.

Esta herencia sigue estando en boca de todos los serranos y hoy día forma parte del importante legado léxico que tiene esta comarca onubense y que da mucho más de sí. El patrimonio oral en la Sierra cuenta con varios exponentes de gran riqueza etnológica a través del folclore popular. Almonaster la Real y Encinasola son los dos epicentros de esta tradición, fuertemente marcada por la influencia del fandango.

Como dice Juan Hidalgo en su ‘Recorrido por los cantes de Huelva’, la Sierra Alta de Huelva es zona de fandangos galanes, musicales, bailables, de acompañamiento lento y sensual. Y en plena serranía, estos dos pueblos mantienen el sentido profundo de su tradición fandanguera.

LA COMARCA DE LA SIERRA CUENTA CON ESTILOS PROPIOS DE FANDANGO: LOS DE ALMONASTER LA REAL Y EL DE ENCINASOLA, DENTRO DE LA RICA VARIEDAD QUE POSEE LA PROVINCIA DE HUELVA

En Almonaster, la existencia de variados estilos de fandango contribuye notablemente a enriquecer el bagaje patrimonial, ya de por sí extenso, de esta villa. Los fandangos de Almonaster se dividen en varios grupos:

Los Fandangos de la Cruz
El Fandango de Santa Eulalia
El Fandango Aldeano

El primero está estrechamente vinculados la Cruz de Mayo y a sus dos Hermandades –las de la Cruz del Llano y la de la Fuente–, mientras que la Romería de Santa Eulalia acoge también su propio fandango. Ambas celebraciones, Cruces y Romería de Santa Eulalia, copan el mes de mayo festivo. La primera de ellas está fuertemente influenciada por la presencia de dos hermandades en las que el ‘pique’ es esencial para entender la fiesta. A raíz de este ‘pique’ nacen dos variedades de fandangos: el de los Pinos y el de la Cruz, propiamente dicho.

El Fandango de los Pinos, o de la Noche de los Pinos, es un fandango alto, valiente, lleno de fuerza y vigor. Sin duda llamará la atención de quien lo escuche la alegría del cante y lo espontáneo e ingenuo de las letras.

Este fandango de grupo, lleno de lirismo en ocasiones, sirve de soporte al ‘pique’ que existe entre ambas cruces. No existe diferencia en los estilos y sí, leves, en el acompañamiento del pandero que realiza cada hermandad.

Toda la noche me llevo
atravesando pinares,
por darle los buenos días
al divino sol que sale.

Fandangos de pique
CRUZ DE LA FUENTE

¡Qué importa que el Llano tenga
tres caballos y mucha gente
si el Llano siempre será
una copia de la Fuente¡

Fandangos de pique
CRUZ DEL LLANO

Dicen las callefuenteras
que el Llano es copia de allí;
qué más quisieran las feas
ese logro conseguir

El Fandango de la Cruz es el que se canta principalmente en la peana de ambas cruces cuando se termina o comienza algún ritual dentro de la fiesta. Son las mujeres las que interpretan en grupo este fandango cadencioso, al ritmo de la pandereta y lleno de hondura, sentimiento e ingenuidad, en el que se ensalzan y alaban las virtudes y méritos de cada Cruz.

Es destacable la importante aportación que hacen las aldeas de Aguafría y Las Veredas al fandango de la Cruz. Particularmente Las Veredas, que mantiene una variante del fandango crucero y, sobre todo, matiza valores y perfiles propios en el fandango ‘repicao’, por el repique que se hace en el pandero al acompañarlo.

Fandango de la Cruz del Llano

¡Viva el Llano, viva el Llano!
ahora y siempre lo diré.
Por muy lejos que me vaya
del Llano me acordaré.

Fandango de la Cruz de la Fuente

Soy de la Calle la Fuente
del pueblo de Almonaster
donde hay tan poquita gente,
poquita pero con fe.

La otra variedad de fandangos relacionados con las festividades de Almonaster sale a la luz cada tercer fin de semana de mayo. Desde 1606, todos sus vecinos peregrinan hasta la Dehesa de la Aguijuela a su popular Romería de Santa Eulalia, donde se interpreta el Fandango de Almonaster o de la citada Santa, protagonista de las letras.

Hay una imagen chiquita
a orillas del río Odiel
en la que tengo mi fe.
Es Santa Eulalia bendita,
orgullo de Almonaster.

La Virgen de Santa Eulalia
la que más altares tiene;
no hay uno en Almonaster
que en su pecho no la lleve.

Este fandango presenta dos modalidades en el estilo: uno corto y otro largo; ambos preciosistas y expresan de una forma candorosa y sencilla, casi ingenua y con una musicalidad muy simple. Suele interpretarse en grupo, con guitarras y castañuelas y, lo que lo diferencia del resto es la posibilidad de ser bailable. El baile de este fandango es alegre, cadencioso en ocasiones y se realiza por parejas. El mejor momento para disfrutarlo es la tarde del sábado de la Romería de Santa Eulalia, en la que los asistentes se reúnen junto al Zancolí para cantar y bailar sus ancestrales fandangos.

Yo me asomé a tu ventana
por verte a tí los lunares
y vi que no eran pintados
que eran tuyos, naturales;
que Dios te los había dao.

Dos pájaros en un almendro
los picos se estaban dando.
Con recelo los miraba
porque me estaba acordando
de cuando tú me besabas.

El último de los estilos de fandango de Almonaster es el aldeano. Esta variante procede de las aldeas de Almonaster y se vincula a otro tipo de celebraciones, mucho más familiares y cerradas.

Fue recuperado para el cante y el baile en las aldeas de Calabazares y Escalada, donde las ancianas solían hacer uso de él en las fiestas entrañables, familiares y participativas del lugar. Es canto de amor individual y se acompaña con guitarras y castañuelas.

Un papel esencial para el mantenimiento de esta riqueza folclórica lo ha desempeñado la Agrupación de Danza de Almonaster la Real, que ha recuperado y promocionado su particular tesoro. Lo mismo ha ocurrido en Encinasola, donde su Grupo de Coros y Danzas ‘Virgen de Flores’ sigue manteniendo viva la llama de su fandango y su popular Danza del Pandero.

En Encinasola, su fandango está estrechamente vinculado a las celebraciones en honor a su Patrona, la Virgen de Flores. Según Tomás López (Actas de las XV Jornadas del Patrimonio de la Sierra. Aroche, 2000), el fandango de Encinasola, casi olvidado, se rescató en la mitad de los años 40 gracias a Rosalía Gómez Domínguez, a quien se lo transmitió una señora de la localidad, una mujer mayor que vivía en La Peña y que le describió los movimientos de su baile y recordaba la música y letra.

Gracias a esta transmisión oral resurgió un fandango cuyos orígenes se remontan al siglo XVIII y se bailaba acompañado de acordeón, bandurria, guitarra y castañuelas en las fiestas Patronales, así como en bodas y bautizos.

La armonía, sencillez y dulzura de los sones del fandango de Encinasola contrastan con la profundidad de sus letras, que se distribuyen en bloques de cuatro unidades y entre ellos un estribillo. A este estribillo se le llama ‘forraje’ y en él se paraba la música y echaban otras estrofas llamadas ‘décimas’ y también las improvisaciones, las ‘bombas’.

Yo sembré en una maceta
la semilla del encanto
con lágrimas la regué
y la flor salió llorando
tuvo la culpa el querer

A orillas de la ribera
está la Virgen de Flores
Patrona de Encinasola
reina de los corazones
a orillas de la ribera

Bombas.
Sembré trigo y cogí avena
Dame un abrazo morena
Sembré trigo y cogí cebá
Dame un abrazo salá

El Grupo de Coros y Danzas ‘Virgen de Flores’, creado en 1944 por Rosalía Gómez y Eladio Carvajo, obtuvo el primer premio por el baile del fandango de Encinasola en el VII Certamen Nacional de Coros y Danzas de Madrid, celebrado el 14 de diciembre de 1948.

Tanto Rosalía Gómez como Eladio Carvajo se encargaron de recopilar letras y partituras del amplio abanico folclórico de Encinasola, que estaba cayendo en el olvido. Gracias a su esfuerzo hoy se han recuperado los fandangos, sino que también podemos disfrutar de una de las danzas más singulares y bella de toda la comarca: La Danza del Pandero.

La Danza del Pandero

Aunque no es la única danza que existe en la Sierra, la Danza del Pandero está envuelta por un halo de misterio y encanto que la diferencia del resto, además de carecer de fecha fija para su interpretación.

Diversos estudios publicados aportan su granito de arena para rescatar de la memoria perdida el origen y significado de esta expresión artística, seña de identidad de todos los vecinos de Encinasola. Pero antes de entrar en su historia es conveniente ahondar en la propia Danza del Pandero.

Hoy día, el Grupo de Danzas ‘Virgen de Flores’ es el encargado de interpretar los antiguos sones del pandero en Encinasola ataviadas con su traje típico. Pese a que en sus orígenes la danza era mixta, actualmente participan trece mujeres, ocho en el baile y cinco en el canto. Todas ellas portan en sus manos el pandero cuadrado, único instrumento de este baile en el que los golpes secos sobre la piel de los adufes artesanos marcan el compás.

El pandero de Encinasola, a diferencia de otras variantes más extendidas, tiene bastidor cuadrado, lo que le confiere un toque de originalidad y elegancia que se transmite en los pasos que interpretan las danzantes, siempre acompañadas por la sección vocal del grupo, que interpreta letras de amor, relacionadas con el saber popular o con Encinasola. Y siempre con estribillos marcados:

El pandero, el pandero
elarolaro
el amor de la niña, el amor
de la niña, triste y callada

Cuando uno presencia por primera vez la Danza del Pandero constata, a simple vista, su singularidad con respecto al resto de bailes populares existentes en la provincia de Huelva, que no son pocos. Hay varias teorías que profundizan en el origen de este baile. Algunas hacen referencia a un ritual funerario a la muerte de un niño aunque la más fiable la sitúa como resultado de la Repoblación leonesa de la Sierra de finales del siglo XIII.

Según Tomás López, al suroeste de la provincia de Salamanca existen bailes que también utilizan este modelo de pandero, por lo que no es de extrañar que la llegada de campesinos castellanos hasta las vastas tierras de Encinasola en la Edad Media trajese consigo la implantación de sus costumbres, como esta danza, que arraigó durante siglos.

Pandero mi pandero
¿quién te tocará?
de noche con la luna de noche
con la luna y aunque nevara

Leyendas y cuentos populares

Al igual que otras muchas zonas rurales de España, la literatura oral fue la llave para mantener viva la historia, real o ficticia, de muchos pueblos y parajes. Esta literatura oral transmitida por abuelos a sus nietos a la luz y abrigo de la candela propició la existencia de decenas de relatos populares de los que muchos siguen vigentes todavía.

Cada pueblo mantiene orgulloso leyendas que explican la formación o el descubrimiento de lugares singulares, que describen los amores prohibidos de princesas musulmanas con apuestos caballeros castellanos, que remiten a la magia de la Noche de San Juan para todo tipo de hechizos…

La Asociación Juvenil Alma Natura realizó hace unos años una recopilación de una treintena de leyendas de todos los pueblos de la Sierra, un trabajo arduo de gran valor que ha posibilitado que muchas de estas historias no caigan en el olvido. Por su parte, Dolores González Gil, editó el libro ‘Cantar y jugar’, un compendio de los cánticos que los niños del pasado siglo XX interpretaban durante su infancia mientras disfrutaban de juegos tradicionales en calles o plazas. Como la propia autora lo define, es la “poética de la tradición oral”.

De todas formas, la mejor forma de conocer estas leyendas y mantener vivo su espíritu es saber de ellas a través de los mayores en cada rincón de la Sierra, con lo que no desaparezcan en el tiempo y permitamos a las generaciones futuras conocer esta herencia.

Otras manifestaciones folclóricas de interés

Junto a estas manifestaciones folclóricas de transmisión oral hay otras en muchos pueblos de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche que merecen especial mención. En Aroche, por ejemplo, todavía se conserva su baile típico: la jota, de clara influencia extremeña y con letra propia en la que el amor y el paisaje arocheno son protagonistas.

Otras joyas de la tradición oral son las Coplas de los Quintos, canciones que los jóvenes entonaban durante los festejos que marcaban su paso al ya extinto Servicio Militar Obligatorio. Todos los pueblos de la Sierra conservan letras de los Quintos aunque la desaparición de esta figura como tal augura un futuro poco esperanzador a esta tradición oral.

El Carnaval ha sido una fiesta con gran arraigo en la Sierra aunque la prohibición durante la Dictadura franquista sumergió a la cita de la alegría en una época oscura de la que salió hace unas décadas, pero perdiendo buena parte de su esencia propia. Aún así, todavía se conservan cuplés históricos y coplas de Carnavales con arraigo, como los de Cortegana o Aracena.

El rico legado oral de muchos de nuestros pueblos también tiene su hueco cada mes de octubre con los coros de campanilleros de Galaroza, Fuenteheridos y Aracena. En Galaroza, este grupo de hombres y mujeres, provistos de guitarras y otros instrumentos recorre las calles de su pueblo y la aldea de Navahermosa durante la madrugada del primer domingo del mes cantando sus letras populares. En Fuenteheridos, su Coro ‘Solera añeja’ no sólo recorre las calles de su pueblo durante las noches de octubre, sino que también suele visitar pueblos cercanos para acercarles sus coplas populares.

La celebración de los Campanilleros tiene mayor duración en Aracena, donde su coro recorre el núcleo urbano y visitan también la aldea de Jabuguillo a lo largo de todos los fines de semana de octubre.

Aquí, el grupo está compuesto por hombres y niños provistos de guitarras y otros instrumentos artesanales. Pero lo verdaderamente llamativo son sus voces. Las canciones que interpretan suelen tener el mismo tonillo, aunque con letras distintas, muchas de ellas centenarias, y todas relacionadas con temas religiosos o populares.

También Almonaster la Real tiene su tradición de Campanilleros, unidos estos a la figura de Santa Eulalia. Al contrario que los ejemplos de Galaroza y Aracena, en Almonaster salen durante la madrugada del 8 de diciembre para despertar con sus coplas a los mayordomos de la Santa y realizan un recorrido por el resto del pueblo.

En Corteconcepción, por su parte, su Coro de Campanilleros tiene un tinte más navideño. De hecho, todo evento de diciembre suele contar con su magnífico conjunto de voces –masculinas y femeninas– y su instrumentación, con una interesante sección de cuerda.