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Ruta de los Castillos

Ruta de los Castillos

Patrimonio Histórico Serrano

Hubo un tiempo en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche en el que las líneas de la frontera oscilaban en función de los litigios entre los reinos de Castilla y de Portugal. La cercanía a la Raya lusa hizo que gran parte de la zona occidental de la Comarca fuese territorio bajo dominio del rey portugués Sancho II, que quiso convertir a la Sierra en parte del alto Algarve.

Este panorama de tensión territorial fue el que heredó el rey castellano Sancho IV El Bravo a finales del siglo XIII. Y el nuevo soberano de Castilla y de León tuvo que tomar la iniciativa para evitar la pérdida de su territorio. Surgió así la denominada Banda Gallega, un sistema de defensa no preconcebido que fue creciendo por toda la Sierra en función de las necesidades que aparecían en cada momento de la contienda.

El legado histórico de estos conflictos territoriales lo conforman las fortalezas de la citada Banda Gallega, una sólida línea de construcciones defensivas divididas en tres arcos geográficos cuyo último objetivo era la protección de la importante ciudad de Sevilla. Así, la primera línea de choque la conformaban los castillos de Aroche, Encinasola, Cumbres de San Bartolomé, Torres y Cumbres Mayores. El segundo frente estaba formado por el castillo de Cortegana, el de Almonaster la Real y el de Aracena, mientras que el tercer arco de defensa tenía a las plazas de Cala, Santa Olalla del Cala y Zufre como puntos fuertes.

La denominada Banda Gallega trajo consigo un cambio en la forma de vida de los poblados que ocuparon los distintos castillos así como la aparición de otros al abrigo de sus muros, con lo que se dio pie a un legado que, ocho siglos después, se ha convertido en un atractivo turístico de primer nivel.

El Inventario del Patrimonio Cultural Europeo recoge once castillos y dos fuertes en el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche. No todos están en un buen estado de conservación, ya que han sido utilizados a lo largo de los siglos como cementerios, polvorines, plazas de toros o incluso campos de fútbol. También el paso del tiempo y episodios bélicos, como los de la Guerra de la Independencia, causaron graves daños a algunos de ellos, que casi desaparecieron. No obstante, los últimos años han traído consigo una serie de importantes actuaciones en la gran mayoría de castillos de la Sierra, muchos de los cuáles se han acondicionado para las visitas turísticas a través del Plan de Arquitectura Defensiva puesto en marcha por la Junta de Andalucía.

Iniciamos nuestro recorrido en Zufre, donde existe un recinto fortificado del que quedan sólo algunos fragmentos de la muralla que protegió a la localidad, aunque su trazado es perfectamente reconocible. En 1786 permanecían tres torres: la del Acebuche, el Torreón y la de la Harina, algunas convertidas hoy en miradores sobre el valle que se extiende a las faldas del cerro que acoge esta localidad.

Su construcción data del siglo XII, en época almohade, aunque el conjunto tuvo que ser sometido a numerosas intervenciones durante siglos posteriores para su mantenimiento.

Unos 25 kilómetros al oeste de Zufre está Aracena. Portugueses y castellanos edificaron su castillo sobre los restos de una fortificación andalusí, que ha sido puesta en valor para su visita recientemente. Los trabajos arqueológicos llevados a cabo han sacado a la luz restos de un poblamiento islámico anterior a la construcción del castillo que puede contemplarse en el recorrido habilitado.

Junto a este paseo por la antigua fortaleza, lo más destacado en Aracena es la iglesia prioral del Castillo, (siglos XIII-XIV), así como la torre mudéjar del exterior, decorada paños de sebka, fiel reflejo de la arquitectura almohade. Esta torre cuenta también con una cruz que la tradición popular atribuye a la Orden del Temple, monjes guerreros a quienes la Corona de Castilla cedió la protección de la localidad hasta 1312.

Más al oeste, llegamos a Almonaster la Real, el pueblo con mayor legado islámico de la Sierra. Su castillo está emplazado en la cima del cerro que domina la población. Esta fortificación sólo conserva actualmente un cinturón amurallado protegido con torres de planta rectangular y circular en las esquinas y en los tramos más largos.

Al igual que otros ejemplos en este Parque Natural, el patio del castillo de Almonaster acoge todavía una plaza de toros en su interior. Pero lo más destacado del conjunto arquitectónico de este cerro es la mezquita. De planta cuadrada, la mezquita de Almonaster se erigió sobre los restos de una iglesia visigoda aprovechando incluso restos de capiteles y fustes romanos para los arcos que sostienen el techo. Pese a su transformación en iglesia cristiana tras la Reconquista (todavía hoy es la Iglesia de Nuestra Señora de la Concepción) aún conserva el alminar y el mihrab.

Torre mudéjar de la Iglesia Prioral del Castillo de Aracena.

En los últimos años, Almonaster ha echado la vista atrás y ha recuperado épocas pasadas en las que los imanes llamaban al rezo desde el alminar de la mezquita. Las Jornadas de Cultura Islámica, que se celebran en octubre, se han convertido en un espacio para el encuentro y la convivencia entre cristianos y musulmanes de toda España.

EL INVENTARIO DE PATRIMONIO CULTURAL EUROPEO RECOGE ONCE CASTILLOS Y DOS FUERTES EN EL PARQUE NATURAL SIERRA DE ARACENA Y PICOS DE AROCHE

Cercana a Almonaster la Real, Cortegana emerge entre la escarpada orografía con su castillo en la cumbre. Nunca un edificio militar tuvo tanto significado en la vida de un pueblo. Cuando el viajero llega a Cortegana desde cualquier dirección, lo primero que lo deja perplejo es la majestuosa fortaleza de Sancho IV que se eleva sobre el resto de la localidad.

Sus piedras han contemplado siglos de historia y de cambios en la fisonomía del entramado urbano al que da cobijo, cuya riqueza histórica y monumental se ha convertido en un sugerente reclamo. Tras diversas obras de mejora durante el siglo pasado, el castillo corteganés puede ser visitado junto al museo que alberga en su interior. La fortaleza está realizada en mampostería con rafas de ladrillo en las torres y en las salas interiores, según el tipo de construcción toledano.

Es el castillo de la Sierra que se encuentra en mejor estado para su visita. En los primeros días de agosto acoge la celebración de las Jornadas Medievales de Cortegana, unos días en los que doncellas y juglares recorren las calles de la localidad como hacían cinco siglos atrás.

Nuestra ruta prosigue en Aroche, en una de las localidades más señoriales de la Sierra. Sus casas blasonadas y la majestuosidad de su patrimonio arquitectónico así lo atestiguan. Su castillo formaba la primera línea de defensa de la Banda Gallega. Construido en el siglo XII, durante la ocupación musulmana, tiene forma triangular poligonal, con lienzos de muralla recientemente restaurados y puestos en valor y un perímetro de casi 300 metros con diez torres de tapial.

De sus elementos más reseñables destaca la Puerta de la Reina, con arco de herradura apuntado que hoy está en desuso. Desde 1802 alberga en su patio a la plaza de toros de Aroche, con sus tendidos sostenidos por las antiguas murallas.

En la franja norte de la Comarca se encuentra el castillo medieval de Encinasola (siglo XIII). La situación geográfica de este municipio fronterizo con Portugal le hizo ser vital para el Concejo de Sevilla. Su fortaleza se encuentra en pleno centro de la localidad, oculto en parte por viviendas adosadas a sus muros que se construyeron tras perder su función militar.

Entre sus edificaciones más destacadas se encuentra la Torre del Homenaje, de planta cuadrada, que albergó en su interior dos habitaciones superpuestas de las cuales son aún visibles el arranque de sus cubiertas abovedadas y la huella de la escalera que las comunicaba.

Sin salir de Encinasola encontramos también dos fuertes construidos a finales del siglo XVII. El fuerte de San Felipe y de San Juan fueron dedicados al rey Felipe II y a su hermano, Juan de Austria, respectivamente, y son hoy un símbolo de la prolífica historia marocha. De ellos destaca el de San Juan, restaurado totalmente hace unos años y del que se puede disfrutar de su muralla cuya planta tiene forma estrellada. El de San Felipe, por su parte, está situado a las afueras del pueblo y se utiliza como depósito de agua.

Este recorrido no deja de lado a otras fortalezas situadas en la parte norte del Parque Natural. Cumbres de San Bartolomé puede presumir de contar con dos castillos en su término. El primero de ellos está a la salida de la localidad, en dirección a la frontera con Portugal. Este castillo tuvo una función militar pero quedó después en desuso y vio como a sus muros se adosaban viviendas. Hoy día está habilitado para usos culturales.

El otro castillo en Cumbres de San Bartolomé es el de Torres, situado a unos quince kilómetros del anterior, próximo a la carretera que une La Nava con Encinasola. Construido sobre un cerro para dominar el valle del Múrtigas, hoy día sólo quedan algunos restos que atestiguan su existencia.

Más al este, Cumbres Mayores acoge en su fortaleza de San Miguel siglos de historia e identificación con sus murallas y torres. El castillo cumbreño cuenta con diversos elementos arquitectónicos de gran interés, como la Puerta de San Miguel, entrada principal inscrita entre dos torres y con un arco ojival, así como el popular Postigo del Sol y la Luna, que exhibe su relieve en mármol con ambos protagonistas. Fue erigido en 1293 por orden del rey Sancho IV, el Bravo, como reza la placa conmemorativa que aún conserva.

En su interior, el antiguo campo de fútbol municipal que albergaba ha dado paso a un espacio público abierto para la celebración de eventos al aire libre, así como también acoge un Centro de Interpretación sobre la Banda Gallega en la Sierra.

En Cala, su castillo se sitúa sobre un cerro próximo al núcleo urbano y sus muros están construidos con cal y piedras entre paredes de mampostería. Su origen podría estar en principios del siglo XIV y consta de planta poligonal con siete torreones macizos. Los trabajos de restauración vividos en los últimos años han convertido a esta fortaleza en un nuevo recurso turístico para conocer en esta población.

Castillo de Sancho IV de Cumbres Mayores.

Fortaleza de Cumbres de San Bartolomé.

Castillo de Cala.

Nuestro recorrido patrimonial por este Parque termina en Santa Olalla del Cala, que cuenta con uno de los castillos de mayores dimensiones de toda la Sierra. Su emplazamiento fue lugar elegido por muchos pobladores para instalar sus asentamientos desde la Prehistoria hasta la Edad Media, como lo atestiguan los restos hallados en las excavaciones realizadas. Este recinto fue utilizado durante el siglo pasado como cementerio municipal, lo que originó peligro de desplome ya que la colocación de los nichos en sus muros debilitó mucho la estructura.