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Patrimonio Natural

Patrimonio Natural

Espacio para la convivencia entre las Personas y el Medio Natural

En la zona más occidental de Sierra Morena, al norte de la provincia de Huelva, un conjunto de cadenas montañosas de media altura se extienden a lo largo de un territorio en el que el dominio de pizarras y cuarcitas confiere al suelo un color oscuro característico. Es el Parque Natural de Aracena y Picos de Aroche, un paisaje modelado respetuosamente durante siglos por la mano de sus habitantes, en el que se esconde un valioso abanico de flora y fauna, parte del cual está amenazado.

Aquí, el paisaje vegetal dominante lo constituyen grandes masas forestales de encinas, alcornoques y quejigos, almas de la dehesa junto a castaños, madroños, lentiscos, romeros y otras especies. Con una extensión de 186.827 hectáreas repartidas entre 28 municipios, este enclave representa el segundo mayor espacio protegido de Andalucía, tras el Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas.

Pero la Comarca de la Sierra engloba una mayor superficie que la del Parque Natural que acoge en su seno. En total, 300.775 hectáreas para un conjunto de 29 municipios.

La disposición orográfica de sus sierras crea una barrera frente a las masas de aire que penetran desde la franja atlántica, lo que provoca una alta pluviosidad. Este alto índice de precipitaciones posibilita la existencia de una extensa red fluvial recogida en las cuencas hidrográficas del Guadalquivir, el Guadiana y el Odiel. De entre los barrancos y riveras existentes destacan la del Huelva (o Buerva), la del Chanza, del Múrtigas y del Odiel, que recorren la Sierra a lo largo y ancho de su territorio.

Todo ello, unido a un clima idóneo (con temperaturas suaves en verano y altas precipitaciones en otoño e invierno), permite que puedan desarrollarse especies frondosas como el castaño. Sus más de 5.000 hectáreas distribuidas en el área que une Aracena y Cortegana componen una estampa inigualable con la llegada del otoño. Todo un atractivo para los amantes de la naturaleza que sólo pueden disfrutar de un paisaje similar en Andalucía en la Serranía de Ronda (Málaga).

La presencia del castaño, introducido en estas tierras por leoneses y gallegos durante el periodo de la Repoblación (siglo XIII), ha forjado una cultura en torno al árbol y a su fruto en buena parte de los pueblos de la Comarca. Enclaves como Los Marines, Aracena, Galaroza o Fuenteheridos conservan tradiciones estrechamente ligadas a la temporada de la castaña, que comienza en octubre, en las que se percibe la simbiosis existente entre los vecinos y su medio natural.

La comarca de la Sierra engloba a un total de 29 municipios repartidos por las más de 300.000 hectáreas de territorio de la franja norte de la provincia de Huelva

Varias castañas saliendo del erizo.

Es en este mes cuando la Sierra experimenta un cambio radical en las tonalidades del castaño, que pasan del verde brillante de la primavera y verano al pardo suave que envuelve los campos con las primeras lluvias. La maduración del fruto en el interior de sus caparazones espinosos hará que caigan al suelo, momento en el que empieza el trabajo para la cuadrilla de apaño. Ellas recogerán a mano las castañas para su posterior distribución por toda España, así como por Inglaterra, Alemania, Italia, Brasil y otros puntos de América.

Este paraíso natural acoge otras especies propias del monte mediterráneo que dan forma a la dehesa, un sistema en el que el ser humano y el medio caminan de la mano a través de una relación de respeto recíproco que demuestra que la convivencia y la sostenibilidad son posibles.

La dehesa fue la solución inteligente tomada hace siglos a través de la que hombres y mujeres reordenaron el monte mediterráneo para su mejor explotación. El aclareo del bosque realizado permitió una mayor penetrabilidad de los rayos solares, que posibilitaron el crecimiento de una rica cubierta vegetal. El tercero de los factores que favorecieron al sistema de la dehesa fue el pastoreo, cuyo ganado facilitaba el abonado natural de unos terrenos que pasaron de ser inexpugnables a zonas óptimas para la siembra y la explotación ganadera.

Hoy día, la dehesa ofrece un amplio abanico de posibilidades para todos sus moradores. Sin olvidar la riqueza medioambiental que atesora, las abejas encuentran aquí el néctar con el que elaborarán la exquisita miel. El agricultor tiene tierras aptas para los cultivos de secano. El cerdo ibérico, su alimento principal, la bellota. La masa forestal proporciona su madera, que se transforma en carbón vegetal y el alcornoque, la corteza que cubre su tronco, el preciado corcho.

Vista panorámica de una dehesa

La extracción del corcho para su posterior tratamiento y transformación es una de las actividades que centra la economía de muchos municipios serranos. Con la llegada del verano, las cuadrillas comienzan esta laboriosa tarea con la única ayuda del hacha para separar las planchas tras nueve años de crecimiento abrazado al tronco del alcornoque.

El descorche es un claro ejemplo de desarrollo sostenible, una labor heredada cuyos orígenes se pierden en la historia y hoy día supone una fuente de ingresos vital para muchas familias. Pueblos como Cortegana o Higuera de la Sierra cuentan con numerosas industrias corcheras para la fabricación de tapones o la simple cocción de las corchas, lo que facilita su apilado para la exportación a Cataluña o a Portugal, epicentros de la transformación de este producto natural a nivel mundial.

Pero la riqueza vegetal en el bosque mediterráneo incluye otras muchas especies, como las coscojas, las cornicabras o las zarzaparrillas, mientras que un cinco por ciento de la superficie está cubierta por especies que han sustituido al bosque autóctono original, como los chopos, pinos piñoneros o eucaliptos. También crecen otro tipo de especies adaptadas a suelos húmedos y encharcados en los arroyos y riachuelos situados en el fondo de los barrancos, como los sauces, alisos y fresnos.

La elevada pluviometría que se registra ha permitido también la existencia de más de 500 especies de hongos catalogadas por expertos internacionales. Las primeras lluvias otoñales, seguidas unos días de sol (21 según los expertos locales), permiten el milagro anual de la aparición de miles de setas de distintas especies, comestibles y tóxicas, lo que ha originado un aprovechamiento gastronómico dentro de la exquisita cocina autóctona.

Hoy día, las setas son uno de los pilares fundamentales de la buena mesa en la Sierra. Entre las más consumidas y demandadas están la ‘tana’ (Amanita caesarea), el ‘gurumelo’ (Amanita ponderosa), diferentes especies de ‘tentullos’ (Boletus aereus y Boletus edulis), el ‘pinatel’ (Lactaruis deliciosus), las ‘chantarelas’ (Cantarelus cibarius) o el ‘gallipierno’ (Macrolepiota procera).

Esta extensa vegetación y la variedad de ecosistemas que alberga ha propiciado también que la fauna en este enclave onubense sea de una riqueza extraordinaria, aunque en cierto modo, la abundancia de ciertas especies animales ha sido condicionada directamente por el hombre o por el desarrollo de sus actividades.

Amanita caesarea, las populares ‘tanas’, reina de las setas comestibles.

Entre las especies de rapaces que nidifican regularmente en el Parque se encuentran la cigüeña negra, el águila real o el cernícalo primilla. También aparecen rapaces nocturnas, como la lechuza, el mochuelo y el cárabo.

Las dehesas de encinas y alcornoques proporcionan también el hábitat a especies como el gato silvestre, la gineta, el zorro, la garduña y otras de gran valor cinegético como el jabalí o el ciervo, reintroducido en los últimos años. Aquí nidifican, además, el azor y el gavilán, el ratonero, los milanos negro y real y el buitre negro, que tiene en la zona de Aroche y Encinasola una de sus poblaciones más importantes en toda Europa.

Especies ligadas al medio acuático, como la rana verde, el sapo, el tritón jaspeado o el galápago, o reptiles como la lagartija colilarga, la culebra bastarda o la víbora, conviven en perfecta armonía dentro de los límites de este espacio protegido.

La conservación y el desarrollo promovido en este Parque Natural durante generaciones han propiciado la obtención de un gran número de distinciones y premios. Cuenta desde 2004 con un Plan de Desarrollo Sostenible, una apuesta de la Junta de Andalucía que lo coloca a la cabeza de de iniciativas sostenibles. También obtuvo la certificación ISO 14001, una norma de calidad europea que certifica la calidad de la gestión medioambiental de este Parque.

Asimismo, el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche ostenta la Carta Europea de Turismo Sostenible, un instrumento voluntario entre los actores implicados en el desarrollo turístico para favorecer la aplicación de los principios del turismo sostenible a través de una serie de acciones.

Pero quizá la más destacada de sus distinciones conseguidas es la declaración de Reserva de la Biosfera de las Dehesas de Sierra Morena por la UNESCO, obtenida en 2002. Con este galardón, el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche forma parte del selecto grupo de territorios distinguidos por el organismo de las Naciones Unidas para la Cultura y el Medio Ambiente por su compatibilidad entre las actuaciones socioeconómicas del ser humano y la conservación de una rica biodiversidad biológica, un premio al trabajo bien hecho durante generaciones a través de la dehesa.