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La Sierra, patrimonio cultural protegido

La Sierra, patrimonio cultural protegido

Bien de Interés Cultural

La riqueza que atesoran los pueblos de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche no se circunscribe sólo al majestuoso verde que todo lo inunda por sus alrededores. Los 29 municipios de la Comarca son fiel reflejo de una forma de vida en la que el cuidado y respeto por lo heredado han permitido que hoy día se pueda disfrutar de una serie de monumentos físicos y naturales y actividades que son el reflejo de una tierra con siglos de historia a sus espaldas. De hecho, de los más de 350 Bienes de Interés Cultural catalogados en la provincia de Huelva, en torno a la mitad están situados en esta Comarca.

Este cuidado y mantenimiento de una serie de características autóctonas se ha convertido en un elemento diferenciador de esta zona rural que, pese al crecimiento vivido durante las últimas décadas y al auge del sector turístico, sigue conservando el sabor de lo añejo en sus calles, en sus plazas y sus casas.

Sus municipios han sabido mantener durante siglos un trazado urbano en el que el crecimiento y desarrollo no ha provocado una de pérdida de identidad, sino que, por el contrario, ha reafirmado y marcado las señas de la arquitectura popular serrana. Calles estrechas, con empedrado de piedra caliza en el pavimento, casas de una o dos plantas con sus fachadas blanqueadas, coronadas con teja árabe y carpintería de madera conforman la gran mayoría de los cascos históricos de todos los pueblos de la Sierra. A ello hay que unir la numerosa presencia de monumentos histórico – religiosos que aparecen perfectamente inscritos en medio de este entramado urbano heredado de la etapa musulmana.

No es de extrañar que, entre sus múltiples manifestaciones culturales, las Jornadas del Patrimonio de la Sierra que se celebran cada año sean uno de los máximos exponentes para poner en valor la riqueza cultural, natural y etnográfica que atesoran sus pueblos y su gente.

Un total de catorce municipios de la Comarca tienen su casco histórico catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) e incluso se están realizando ampliaciones del área protegida en muchos de ellos para preservar su riqueza arquitectónica. Esta figura de protección ampara a los cascos urbanos de Alájar, Almonaster la Real, Aracena, Aroche, Castaño del Robledo, Corteconcepción, Cortelazor la Real, Fuenteheridos, Galaroza, Higuera de la Sierra, Linares de la Sierra, Los Marines, Valdelarco y Zufre.

EL ENTRAMADO URBANO DE ESTOS PUEBLOS FUNDE LA MAJESTUOSIDAD DE LAS CASAS SEÑORIALES CON EL ENCANTO DE LA ARQUITECTURA POPULAR, DE CASAS BLANCAS A DOS ALTURAS

En el caso, por ejemplo, de Almonaster la Real, el paso de la cultura islámica dejó como principal legado su mezquita (siglo X), que vigila desde las alturas un pueblo en el que se mezclan casas con elementos góticos, renacentistas y mudéjares. Asimismo, el Puente Romano (siglo I) comparte protagonismo con otros edificios como la Casa Rectoral (siglo XVIII) o la Iglesia de San Martín (siglo XV), con la portada manuelina del Perdón como principal reclamo. Otros espacios, como el Cerro de San Cristóbal, o la ermita de Santa Eulalia y su zona arqueológica, también cuentan con figuras de protección para garantizar su conservación.

En Castaño del Robledo, por su parte, la esencia de la arquitectura de la Sierra se respira por todos sus rincones. El caserío barroco y renacentista envuelve al ‘Monumento’, la iglesia inacabada desde el siglo XVIII habilitada hoy día como espacio de usos múltiples con un marcado cariz cultural. Al recorrido por esta localidad para conocer su patrimonio también nos invita el órgano barroco de su iglesia de Santiago el Mayor (siglo XVI), acertadamente restaurado, y que ofrece diversos conciertos a lo largo del año.

El vecino municipio de Fuenteheridos conserva también un centro histórico que se ve realzado por el verde de las huertas que rodean al pueblo. Esa riqueza hortofrutícola necesita del manantial que nace en el corazón del pueblo, la Fuente de los Doce Caños (1903), elemento popular en la histórica Plaza El Coso, muy cerca de la Iglesia del Espíritu Santo (siglo XVIII) y su espectacular torre campanario, levantada tras el terremoto de Lisboa de 1755.

Errmita de Santa Brígida, en Galaroza.

Arquitectura popular en Castaño del Robledo.

Detalle de los ‘llanos’ empedrados en Linares de la Sierra.

Este virulento terremoto supuso también la restauración y construcción de la torre que corona la iglesia parroquial de Valdelarco, otro de los municipios serranos cuyo casco histórico está declarado Bien de Interés Cultural. La casas típicas de la Sierra y sus populares solanas –orientadas al sur– rodeadas por una extensa masa de castaños, dehesas y huertas hacen de este pueblo uno de los grandes desconocidos para muchos, al igual que Corteconcepción, donde la dehesa convive con sus vecinos en una perfecta sintonía de respeto. En Alájar, Los Marines e Higuera de la Sierra, la arquitectura popular de empedrados y calles estrechas está perfectamente conjugada con elementos de gran belleza arquitectónica, como sus iglesias del siglo XVIII: la de San Marcos, de la Virgen de Gracia y de San Sebastián, respectivamente, o sus fuentes – lavadero, en el caso de los dos últimos, elementos de la arquitectura civil que se mantienen vivos en muchos pueblos serranos.

Linares de la Sierra, Galaroza y Cortelazor la Real son otros tres exponentes del cuidado por esas señas de identidad de las que hablamos. Al margen de la historia de sus calles, la arquitectura civil es símbolo en estos tres casos a través de las fuentes y lavaderos que atesoran sus vecinos. No podemos olvidar tampoco los populares ‘llanos’ con empedrados decorativos en Linares de la Sierra, ni la ermita de Santa Brígida de Galaroza (siglo XIV), que contempla a Galaroza desde su privilegiada atalaya.

El patrimonio de Cortelazor la Real incluye también a un centenario olmo al que sus vecinos han convertido en un monumento más. Históricamente, su sombra dio cobijo a los poderes públicos locales para la celebración de juicios o sesiones plenarias, lo que ha convertido a este ejemplar en un cortelazorense más.

Por su parte, Aracena –cuyo casco urbano es el de mayor tamaño de la provincia catalogado como BIC–, Aroche y Zufre, municipios con una importancia histórica y administrativa en la Sierra durante siglos son los mejores exponentes de monumentos de gran vistosidad, como sus castillos, en torno a los que han crecido monumentos, casas solariegas, trazados urbanos e iglesias dentro de unos cánones que hoy día todavía se conservan y mantienen viva una llama de tradición arquitectónica que es santo y seña de este rincón de la provincia de Huelva.

Junto a estas localidades con su casco urbano catalogado como BIC, otros pueblos disfrutan de distintos monumentos o rincones naturales protegidos para su conservación. Es el caso de Cortegana, cuyo Castillo de Sancho IV o la Iglesia del Divino Salvador cuentan con esta figura. Porque todos los castillos de la Sierra están amparados por esta protección administrativa: Aroche, Encinasola, Cumbres Mayores ­–cuya fortaleza es monumento con una protección más antigua, desde 1895–, Cumbres de San Bartolomé, Santa Olalla del Cala, Cala, Zufre, Aracena y Almonaster.

Y también ermitas como la de Las Virtudes de La Nava, o la Cueva de la Mora de Jabugo, Turóbriga y San Mamés (Aroche), la Iglesia de San Pedro y San Pablo de Puerto Moral y numerosos parajes naturales en los términos de Cortegana, Aroche, Almonaster, Encinasola, Sana Ana la Real o Santa Olalla del Cala.

Mención aparte merecen las Actividades de Interés Etnológico: la Cabalgata de Reyes Magos de Higuera de la Sierra y las danzas de Cumbres Mayores e Hinojales. Y los Lugares de Interés Etnológico, donde Cañaveral de León se lleva la palma. La importancia del agua en su día a día ha conformado unas señas de identidad arquitectónicas en espacios como La Laguna, sus lievas, fuentes, albercas, callejas y caminos protegidos por su valor histórico y cultural.