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Arquitectura civil

Arquitectura civil

Legado patrimonial

La historia de los pueblos está marcada por sus archivos, publicaciones y por su patrimonio monumental, testigos fieles de épocas pasadas. Siglos de historia jalonan el legado arquitectónico de todos los pueblos de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche, que han sabido guardar celosamente este tesoro que, hoy día, ha cristalizado en diversas figuras de protección.

Plazas de toros, casas solariegas y modernistas se funden con otro tipo de arquitectura vernácula, en la que el aprovechamiento de los elementos autóctonos es una constante dentro de un espacio físico muy marcado por la frontera natural que ha supuesto siempre su escarpada orografía.

Uno de los elementos singulares de la arquitectura civil en la Sierra de Aracena y Picos de Aroche son sus plazas de toros. No existe una explicación a la concentración de un total de 25 cosos en un territorio tan pequeño, con pueblos dispersos y escasa población. Esta particularidad ha permitido que hoy día se puedan disfrutar de espectáculos taurinos en enclaves tan dispares como el interior de castillos medievales, plazas públicas o en edificios perfectamente integrados en el entramado urbano.

Del siglo XVII, y todavía en uso, es el coso decano del Parque, situado en la Dehesa de la Aguijuela, en el término de Almonaster la Real, donde se celebran espectáculos taurinos durante la Romería de Santa Eulalia.

Desde 1606, la cita de la santa emeritense y el pueblo de Almonaster se ha celebrado ininterrumpidamente y, cada sábado de la romería, los mozos han ‘corrido’ los toros en el interior de esta plaza, realizada totalmente en piedra vista, con callejón y tres filas de tendido. Almonaster la Real también cuenta con otra plaza situada junto a su mezquita, dentro del recinto del antiguo Castillo e inaugurada en 1891.

NUMEROSAS PLAZAS DE TOROS DE LA COMARCA OCUPAN ESPACIOS SINGULARES, COMO EL INTERIOR DE FORTALEZAS MEDIEVALES O PLAZAS PÚBLICAS

Esta transformación de las fortalezas en cosos taurinos es habitual en la Sierra. La Plaza de Toros de Aroche ocupa desde el siglo XIX el interior de su Castillo, con los tendidos apostados sobre las antiguas murallas. En el caso de Cumbres Mayores, su plaza está adosada a las murallas y tiene una curiosa planta rectangular, todo ello construido en mampostería.

Otro espacio singular para la lidia es el de Linares de la Sierra. Allí, una de sus plazas públicas se transforma en un coso taurino en el que, durante todo el año, están colocadas las barreras e incluso tiene habilitada una zona de tendido.

Al margen de estas singularidades, otros pueblos de la Comarca cuentan con cosos taurinos de gran belleza, como el de Higuera de la Sierra (siglo XIX), el de Cortegana (1854), el de Santa Olalla del Cala (1911) o el de Aracena (1864), de gran influencia sevillana.

Casas solariegas y señoriales.
Arquitectura popular

Toda vivienda es fiel reflejo de su propietario y, claro está, las diferencias económicas han marcado el tamaño y lujo de cada construcción a lo largo de los siglos. La nobleza asentada en la Sierra mostraba su poderío con grandes casas solariegas en los lugares más emblemáticos de cada casco urbano. Casas de varias plantas con lujosos acabados y, por supuesto, con el escudo de armas de cada familia presidiendo la fachada principal.

Aroche es uno de los municipios del Parque Natural en el que mayor número de viviendas de este tipo se conservan. Todas ellas en un tramo pequeño de distancia, el que gira entorno a la Iglesia Prioral de Nuestra Señora de la Asunción (siglo XVI) y al Ayuntamiento, que ocupa el solar de la primitiva Casa Consistorial, erigida en tiempos de Felipe II.

Junto a la antigua Puerta de Sevilla y los restos de la muralla original se encuentra la Casa de la familia Chaves – Figueroa. Hacia el centro, la Casa Tinoco – Castilla (1692) preside una de las esquinas de la actual Plaza de Juan Carlos I con un enorme blasón e inscripción en su fachada.

Cercana a la Iglesia arochena se encuentra la Casa Palacio del Conde del Palancar, hoy convertida en el Centro Cultural ‘Las Peñas’ y de la que sólo se conserva el escudo de armas en su fachada. Justo en frente, la Casa del Marqués de los Arcos (siglo XVIII) es la mejor conservada de toda la localidad. Esta casa cuenta con tres plantas y enormes bóvedas de arista, amplios salones y suelos de ladrillo rojo local.

Los dos últimos ejemplos en esta localidad serían los de la Casa del Conde del Álamo (siglos XVI – XVIII), hoy en bastante mal estado aunque conserva sus preciosas rejas de forja y balconadas del siglo XVI, y la del Marqués de Valdeloro (siglo XVII), en la calle Moura, con escudo y portada en granito.

Además de Aroche, otras localidades tienen ejemplos de arquitectura señorial de interés, como Castaño del Robledo, Aracena o Higuera de la Sierra. En Cortegana, pese a ser arquitectura contemporánea, destaca la singularidad de la Casa Estrada, un edificio erigido a comienzos del siglo XX y de los mejores ejemplos de la arquitectura ecléctica. Tal y como desarrolla Sebastián Martín en las Actas de las XVII Jornadas del Patrimonio, esta vivienda es una excelente muestra de las construcciones de la burguesía adinerada y grandes propietarios del siglo pasado en la Sierra.

Lo más singular de la Casa Estrada es su impresionante fachada de la calle García Lorca 14, de estilo neoplateresco, que contrasta sobremanera con su parte posterior, donde se recuerda a las antiguas fortalezas mudéjares.

Su interior, profusamente decorado, mezcla elementos isabelinos, neomudéjares y modernistas.

Detalle de solana en Castaño del Robledo

Recreación de una antigua casa de labradores de la Sierra

Pero hay otro tipo de arquitectura popular más extendida y no por ello menos interesante. El aislamiento que vivieron generaciones de serranos durante siglos por la ausencia de vías de comunicación decentes hizo agudizar el ingenio y propiciar que sus habitantes sacasen el máximo partido de lo que el medio natural les ofrecía.

Así, la utilización de elementos endóngenos ha conferido a la arquitectura de los pueblos de la Sierra un cariz diferenciador que la hace más atractiva. El uso de la madera de castaño como vigas, de piedra para los muros, de ladrillo de barro cocido en horno árabe, de cal para mantener su blancura inmaculada… todos estos elementos son propios de la arquitectura popular en la Sierra, con casas bajas que aprovechan los desniveles del terreno y cubiertas con la tradicional teja árabe.

Aunque han existido diferentes épocas desde el punto de vista arquitectónico, la que dejó un sello más acentuado en el corazón del Parque Natural se situó en torno al siglo XVIII. Por aquel entonces, la bonanza económica en el campo permitió la edificación de viviendas en las que se aunaban las necesidades básicas y la funcionalidad de cara al trabajo agrícola.

Aparecieron así las bodegas y ‘doblaos’ (áticos) en los que se daba cabida a productos propios de esta tierra, como jamones, chacinas, aceite, frutas u hortalizas. A éstos se unió un elemento arquitectónico de gran vistosidad y que hoy día se conserva con majestuosidad en algunas viviendas de Fuenteheridos, Los Marines o Valdelarco, entre otros puntos: los corredores o solanas.

Las solanas son espacios techados orientados al sur y comunicados en una parte con un patio, calle y otro espacio abierto, lo que permite la entrada de luz y ventilación a otras dependencias de la casa. Asimismo, las solanas han servido siempre como espacio para el secado de productos de la huerta. Pese a no ser una construcción exclusiva de este Parque, existen numerosos ejemplos repartidos por todo el espacio protegido que merecen un breve recorrido.

Aníbal González. El regionalismo andaluz

Fachada del Casino Arias Montano de Aracena, obra de Aníbal González

El arquitecto sevillano Aníbal González fue uno de los exponentes de la arquitectura regionalista andaluza. De su mente nació el proyecto de la popular Plaza de España de Sevilla, construida con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929. Afortunadamente para la Sierra, visitó con cierta frecuencia esta Comarca, principalmente en Aracena, donde dejó su sello particular en numerosos edificios.

Hablar de este periodo del siglo XX en Aracena es referirse con elevada frecuencia a la figura de Javier Sánchez – Dalp y Calonge, persona de gran influencia en la provincia de Huelva de la época. Su familia fue mecenas de Aníbal González en Sevilla y, satisfecha de las creaciones del arquitecto, quisieron que realizase diversos encargos en su pueblo de adopción, al que dotaron de una serie de edificios que se han transformado en patrimonio monumental.

Para comprender la grandiosidad de los inmuebles diseñados por Aníbal González es necesario bucear en su obra. Según Asunción Díaz Zamorano, en su libro ‘La arquitectura de Aníbal González en Aracena’ (Diputación de Huelva, 1996), González puso en pie “una arquitectura al servicio de unos intereses muy específicos y amordazada por las difíciles circunstancias de una época difícil”, una arquitectura fachadista en la que las principales preocupaciones se centraban en el exterior, más que en los interiores y sus condiciones de habitabilidad.

Este modelo arquitectónico ha permitido que, en Aracena, se cuente con un legado que, entre otros puntos de interés, va desde su Ayuntamiento (1911), hasta los Lavaderos de la Fuente del Concejo (1927), pasando por el Casino Arias Montano (1910), el edificio de la entrada a la Gruta de las Maravillas (1923) o los chalés de la Barriada de Aracenilla y la casa de la familia Sánchez Dalp en la Dehesa de San Miguel (1910).

También Jabugo cuenta con un edificio obra del Aníbal González, como es su emblemático Tiro Pichón, atalaya que desde las alturas da la bienvenida a todos los visitantes a esta localidad.